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Cómo Nueva York quiere limpiar sus ríos con ostras
12 noviembre, 2014

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Algunos las consideran un manjar. A otros, su sabor y su textura les resultan suficientes como para que se les revuelvan las tripas.

 

Pero, para quienes llevan adelante el proyecto de investigación y restauración de ostras en Nueva York y Nueva Jersey, las ostras no son ni lo uno ni lo otro: son una herramienta clave para limpiar las aguas del puerto de la ciudad.

 

Estos moluscos son eficientes purificadores.

 

Diversos estudios muestran que cada una puede filtrar hasta 230 litros de agua por día.

 

“Al comer, succionan el agua con su cuerpo y toman de ella lo que necesitan. El resto lo depositan en forma de pequeñas bolitas que caen al fondo del río”, le explica a BBC Mundo Meredith Comi, directora del proyecto que forma parte del programa NY/NJ Baykeeper.

 

Aunque los beneficios no se limitan a limpiar el agua: los desperdicios que generan sirven para alimentar a una cantidad de especies.

 

Al crear arrecifes, las ostras facilitan el regreso de otros organismos como peces, crustáceos, cangrejos y aves, a una zona en la que el desarrollo humano destruyó su hábitat natural.

 

Por otra parte, los sistemas de arrecifes de ostras le brindan al puerto una protección natural contra las marejadas ciclónicas, como las que devastaron el Bajo Manhattan y áreas de Brooklyn y Staten Island durante el huracán Sandy en octubre de 2012.

 

“Cualquier sistema de arrecifes rompe las olas. Si introducimos arrecifes de ostras y también pastizales y dunas, podemos reducir la energía de la corriente”, explica Comi.

 

“No resuelve el problema, pero reduce el daño de la marejada. Y, en general, contribuye a limitar la erosión, que aquí es un gran problema”, añade Comi.

 

 

Ostra por ostra

En ocasiones, dependiendo de la marea y el terreno, los voluntarios que participan en el proyecto van acomodando ostras jóvenes –que se obtienen de criaderos- a lo largo del lecho del río.

 

La tarea también se hace en bote y a veces hace falta recurrir a la ayuda de buzos.

 

El objetivo es ir poblando lentamente el puerto y los ríos de Nueva York y Nueva Jersey para restaurar el ecosistema que antaño estaba dominado por las ostras.

 

Soundview fue el único lugar donde vimos un poco de crecimiento, dice. “Pueden sobrevivir. La cuestión es por cuánto tiempo. Hay una diferencia clara entre sobrevivir y florecer”, añade.

 

“Hemos puesto unas 500.000 ostras. Parece mucho, pero la mortalidad es muy alta”, le dice Comi a BBC Mundo.

 

A esto se suman las restricciones de los reguladores que no les permiten “plantar” una cantidad elevada, por temor a que la gente las recoja para comer y se acabe en el hospital, ya que debido a los altos niveles de contaminación de las aguas, las ostras no son aptas para el consumo humano.

 

¿Cuántas ostras hacen falta para restaurar el ecosistema y devolverle al puerto y a los ríos de Nueva York la vitalidad natural de antaño?

 

“Nunca volverá a ser lo que fue. Ha habido demasiados cambios. Pero sí podemos mejorar mucho su estado”, reconoce Comi.

 

“Para que funcione, debemos poner ostras en muchísimas hectáreas. Por el momento sólo hemos cubierto una hectárea y media en total, entre Nueva York y Nueva Jersey”.

 

 

 

Fuente: BBC Mundo

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