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La actividad que arrasa con cuatro puntos de selva suramericana
16 enero, 2015

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El avance del boom minero sobre las selvas latinoamericanas es evidente y los científicos ya comienzan a calcularlo. Al comparar imágenes satelitales puede verse cómo en puntos específicos de Colombia, las Guayanas, Venezuela, Surinam y Brasil, lo que hasta hace diez años eran bosques ahora se ha convertido en paronámicas desérticas que revelan el paso de dragas y bulldozers comandados por los buscadores de oro.

 

Según un estudio publicado este miércoles en la revista Environnemental research letters, la proliferación de las minas de oro, a veces ilegales, que se ha observado en los últimos años en varias regiones de América Latina acelera la deforestación,amenaza la biodiversidad de esas zonas y contribuye a las emisiones con efecto invernadero.

 

La producción mundial de oro, a causa de la alta demanda, pasó de 2.445 tonelas en 2000 a 2.770 toneladas en 2013.El precio del oro también registró fuerte alzas en los últimos años, de 250 a 1.300 dólares la onza (28,3 gramos) entre 2000 y 2013. Eso contribuyó a la apertura de nuevos yacimientos en el mundo entero, incluso aquellos que están en plena selva, de difícil acceso.

 

“Aunque la pérdida de los bosques debido a la explotación de las minas es menos importante que la deforestación vinculada a la agricultura, se produce en las regiones tropicales con la biodiversidad más rica”, destaca la puertorriqueña Nora Alvarez-Berrios, una de las autoras del estudio.

 

Entre 2001 y 2013 unos 1.680 km2 de bosques tropicales desaparecieron para permitir la explotación de las minas de oro. Lo preocupante es que el 90% de la destrucción detectada desde 2001 ocurre en solamente cuatro regiones que forman ecosistemas frágiles que a menudo están cerca de reservas naturales.

 

Las regiones identificadas como las más afectadas son los bosques húmedos guayaneses distribuidos por Surinam, Guyana, Guayana Francesa y Venezuela (41%), la selva amazónica suroccidental en Perú (28%), la región amazónica brasileña entre los ríos Tapajós y Xingú (11%) y los bosques húmedos del Magdalena-Urabá en Colombia (9%).

Aunque los espacios protegidos se mantienen en buen estado, los autores del estudio estiman que una tercera parte de la deforestación ha ocurrido a menos de 10 km de esas zonas, que están expuestas a causa de ello a una contaminación química con elementos como el mercurio.

Según el informe, en la región colombiana del Valle-Magdalena-Urabá se perdieron en los últimos 10 años 144 km2 de bosque, producto de las minas de oro. La mayor parte de la deforestación se concentra en los municipios de Zaragoza, El Bagre y Segovia en el departamento de Antioquia. Uno de los focos principales de minería criminal en el país.

 

“Para reducir la deforestación que se está produciendo con el fin de extraer oro en bosques tropicales, es importante que los consumidores sean conscientes de los impactos ambientales y sociales de comprar joyas de oro o invertir en oro”, le dijo Álvarez al diario El País de España.

 

Fuente: El Espectador

 

 

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